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jueves, 24 de enero de 2013

El Asedio

Arturo Pérez-Reverte
2010
 
Creí que el Sr. Pérez-Reverte me serviría de cura para mi desencuentro temporal con la literatura. Aunque hubo mejoría, no fue un tratamiento acertado.
 
En esta novela, el cartagenero, nos acerca al asedio que sufrió Cádiz por los franceses en la guerra de la Independencia.
 
Con una estructura lineal y varios personajes que nada tienen en común al comienzo de la historia, el escritor nos dibuja una ciudad en plena ebullición social, política y mercantil, conviviendo con las bombas francesas.
 
La trama policiaca padece de grandes altibajos, sin embargo las cuitas amorosas de la atractiva solterona y el corsario son mucho más redondas que los asesinatos. Personajes con un gran magnetismo como Ricardo Maraña han sido desaprovechados, por el contrario otros son totalmente prescindibles como el desesperante Señor Barrull.
 
Eso sí este trabajo posee un buen final, cosa de la que no puede presumir el autor frecuentemente.
 
Un libro menos fresco y con un estilo más pretencioso que anteriores entregas de D. Arturo.
 
Entretenido sin más.
 
C. 

viernes, 22 de abril de 2011

El Camino

Miguel Delibes
1950

 

Ante mi crisis literaria, esta vez decidí apostar por los seguro, Delibes.

“El camino” es una pequeña novela costumbrista, ambientada en la posguerra rural española, que retrata el paso de la infancia a la adolescencia.
 
Ni que decir tiene que esta magnífica obra contiene una prosa sencilla y directa con la que Delibes nos arrastra dentro de una realista historia sobre las andanzas de tres muchachos en un pequeño pueblo.

A través sus páginas nos descubre la influencia de la religión, las relaciones humanas, la amistad. Todo un mosaico sobre aquella España tan diferente. El primer amor, la primera perdida y lo traumático que resultaba dejar el pueblo.

Todo es cercano y delicioso en este libro, esplendida literatura.
C.

domingo, 16 de enero de 2011

Saber Perder

Saber Perder.
David Trueba.
2008.

Tenía puestas muchas esperanzas en esta novela. Quizás David Trueba nunca fue novelista, pero en mi fuero interno siempre pensé que alcanzaría ese nivel más temprano que tarde.

Lo primero de todo es decir que no me he curado de mi depresión lectora con esta ficción.

Aparentemente la historia es agradable de leer. La vida de varios perdedores se entrelaza en un Madrid mestizo. Pero tengo una gran desazón en mi corazón. Los personajes nos son creíbles a pesar de querer ser fiel a un realismo que nunca consigue. Las tres historias están muy alejadas las unas de las otras. Y la ambientación es tan etérea que no encuentro ningún signo de la ciudad donde vivo. Por no creer, no me creo ni que David logré dibujar el negocio del futbol y las encrucijadas morales del jugador protagonista, al que le sobra frialdad.

Al contrario que a Sylvia, a la que Trueba retrata con muchos más matices, mucho más ardiente, como corresponde a su edad. Muy a mi pesar, Trueba pincha en hueso a la hora de cerrar su personaje. Un adolescente puede ser maduro hasta un límite.
Ni las putas, ni lo crímenes, ni el amor hacen que me interesen por los demás.

Decepcionante.

C.

sábado, 5 de junio de 2010

La Invención de Morel

La Invención de Morel.
Adolfo Bioy Casares.
1940.

A veces los libros llegan a tus manos de una forma extraña. Este es el caso de esta pequeña obra de género fantástico escrita por el argentino Bioy Caseres allá por el año 1940 y cayó sobre mí después de leerla uno de los protagonistas de “Lost” en el cuarto episodio de la cuarta temporada: Sawyer.

Literatura ingeniosa, fantástica, adelantada a su tiempo y profunda, nos habla sobre un prófugo que huye a una isla desierta.

En un periodo estéril de mi vida literaria, no me entusiasmo.

C.

domingo, 21 de marzo de 2010

Alta Fidelidad

High Fidelity
Nick Hornby
1995

No sabría si me ha gustado o no esta novela de Hornby.

Entretenida, superficial y con un aroma a vinilo que me recuerda aquella juventud donde me sumergía en la búsqueda de las joyas redondas que todavía conservo y que me obsesionan.

Pero mientras la historia avanza mi paralelismo con Rob se aleja, al igual que se aleja la manera de ver la época dorada de los LPs. Rob es un inmaduro, inconsciente, y odia su tienda de vinilos, cosa que no tiene ningún sentido cuando tienes una colección de más de quinientos vinilos.

A sus treinta y seis años sus relaciones con las mujeres recuerdan a las del adolescente de diecisiete. Esa disfunción varonil de “siempre quiero lo que no tengo” está demasiado manida y encima, al final madura de golpe.

Llegue aquí desde la película de Frears y a pesar de la máxima que dice, las novelas superan a sus adaptaciones en este caso creo que el film está por lo menos a la misma altura que su génesis, sino mejor.

Veredicto: Ligera.

C.